En la esquina de Sinaloa y Jalapa, en una casona que huele a historia y a pan recién horneado, se encuentra Sepia, un restaurante que no sólo te da de comer: te embarca en un viaje. Si cerrar los ojos mientras pruebas un risotto con camarón o una pasta fresca con tinta negra te lleva a la costa de Amalfi, es porque el capitán de esta aventura, el chef Julián Martínez, conoce cada ola del mar y cada nota del parmesano.
Se formó en las cocinas de titanes como Massimo Bottura y Enrico Crippa, y trajo a México un lenguaje gastronómico que traduce el alma italiana con acento marino y corazón capitalino. Aquí no se juega con la comida; se celebra. Y vaya que se celebra con alegría, con generosidad, con vino, y con una mixología que hace bailar hasta al cliente más serio.
Pastas que acarician el alma
Lo primero que llega a la mesa es el pan de masa madre, cálido y crujiente, perfecto para abrir el apetito con un toque de aceite de oliva que sabe a campo toscano. Después, comienza el desfile. ¿Una recomendación? La pasta corta con ragú de pulpo y pomodoro rostizado. Es como si un pescador napolitano y una abuela siciliana se pusieran de acuerdo para cocinarte algo inolvidable.
O prueba los tagliolini en tinta de calamar, tan negros y brillantes como un vestido de gala del océano, coronados con almejas y camarones que parecen recién salidos del barco. Cada bocado es puro drama italiano con sabor mexicano.


Mariscos con personalidad
Aquí los mariscos no son un adorno: son protagonistas. La pesca del día siempre sustentable, puede llegar en forma de un filete de pescado sellado con mantequilla de cítricos e hinojo, o en una espectacular tártara de atún con emulsión de albahaca, que cruje y acaricia al mismo tiempo. Todo está pensado para que el producto brille, como si cada ingrediente tuviera su momento en el escenario.
Sepia tiene un salón principal elegante y sobrio, con una cava visible que tienta a explorar, y una terraza techada que invita a quedarse horas. El servicio es cálido, conocedor, y cero pretencioso. El ambiente: ideal para una cena romántica, una tarde con amigas o un festín de domingo en familia.
Y si te gusta el brindis, no te vayas sin probar alguno de sus cocteles de autor. Hay uno con gin, pepino y romero que es un abrazo veraniego en copa. O el de mezcal con maracuyá que despierta hasta al más dormido.


Sepia es una escapada a la costa italiana sin salir de la CDMX, es el tipo de lugar del que sales feliz, ligeramente salado por dentro, como después de un buen chapuzón y lo más peligroso de todo: vas a querer volver muy pronto.
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