Margules es una firma mexicana de productos que elevan el sonido a un nivel premium.

El hilo invisible: Margules y el arte de diseñar sonido para el alma

Seguro te ha pasado que llegas a ese restaurante, la decoración es linda, el aroma que sale de la cocina es una delicia y la iluminación es perfecta. Te sientas y, de repente, notas que tienes que levantar la voz para poder charlar, y, sin saber muy bien por qué, te empieza a invadir una ligera incomodidad. Aunque la comida sea extraordinaria, lo más probable es que no pienses en alargar la sobremesa.

El oído es uno de nuestros sentidos más primigenios y, aunque a veces no le demos el protagonismo que merece, es el encargado de conectarnos con el entorno.

«Tú llegas a un lugar que no está muy bonito, te volteas; pero un lugar escandaloso no lo aguantas, el oído te genera reacciones que pueden ser muy adversas o favorables», nos dijo en entrevista Julián Margules, mente creativa de Margules, la firma mexicana que lleva más de un siglo y cuatro generaciones demostrando que el audio de alta fidelidad es, en realidad, un asunto profundamente humano.

La magia de un espacio que sabe sonar

Diseñar un espacio hermoso y olvidar su acústica es un error común. En cambio, cuando un lugar «suena rico», la magia ocurre; nos sentimos abrazados, disfrutamos más el momento y nos queremos quedar ahí por horas. De hecho, Julián nos dio un dato que nos sorprendió: en los lugares donde han tenido la oportunidad de intervenir y mejorar el sistema de audio, el ticket promedio de consumo ha subido hasta un 30%. «Entonces tú me dirás si no es importante».

Lo que comenzó en la época de los gramófonos con su abuelo y continuó con el sonido comercial de su padre, hoy se ha convertido bajo la dirección de Julián en algo así como la «Fórmula 1 del audio», llevando esa pasión familiar no sólo a las salas de nuestras casas, sino también a museos, clubes y restaurantes de lujo.

Diseñar para el cerebro

Inundar un espacio con volumen estridente es un recurso fácil, pero confunde cantidad con calidad. En la industria del audio, lo común durante los últimos cien años ha sido diseñar equipos pensando en aspectos realmente con el molde y proponer algo diferente a la industria a través de una tecnología propia llamada ANA (Alineación Neuroacústica).

«El cerebro pone atención a los sonidos cercanos, no a los lejanos, porque es nuestra forma de sobrevivir», nos explica Julián. Esos sonidos que sentimos próximos conservan intactos sus armónicos, que son esas ondas múltiples que acompañan a la nota principal, y son los que nos permiten identificar si lo que escuchamos es un violín o un piano, y exactamente en qué parte de la habitación se encuentra.

Al diseñar alrededor de estos armónicos y eliminar los circuitos artificiales de corrección, la música se percibe de una forma completamente orgánica, realista y natural. El objetivo de Margules es lograr una conexión tan pura entre el músico y quien escucha que te olvides por completo del equipo. «Que se te aparezca y que te platique el músico, eso quieres”.

Lujo honesto que se hereda

En una época donde todo parece desechable, da gusto encontrarse con proyectos familiares como Margules que defienden los procesos manuales y la baja producción. Hoy en día, la firma opera con una sinergia muy especial: la hija de Julián se encarga del diseño industrial, su hijo de la parte conceptual y nuevas estrategias, y su esposa, Laura, de la administración.

Cada una de sus piezas se concibe de forma artesanal, el resultado son objetos con una propuesta estética impecable, capaces de incorporarse con total armonía a la decoración de cualquier hogar.

Pero para Julián, el verdadero lujo no radica en un precio absurdo, sino en la honestidad de su propuesta. Son equipos diseñados para envejecer con dignidad y para ser heredados. Su filosofía está en contra de la cultura del desecho, por eso es que la marca mantiene un modelo de economía circular: le dan servicio a piezas que fabricaron hace más de 30 años y cuentan con un sistema donde puedes devolver tu equipo para acceder al siguiente nivel de desempeño, asegurando que esos componentes sigan vivos.

El hilo invisible que nos conecta con el entorno

Al final del día, el perfil de quien busca esta experiencia no es el de alguien que quiere presumir un estatus a través de una marca. Como bien concluyó Julián, la mayoría de sus clientes presumen sobre lo importante que es investigar, escuchar y entender que el sonido es el hilo invisible que transforma un espacio cualquiera en un lugar entrañable.

Es precisamente esa coherencia humana y artesanal la que ja provocado que la marca coseche una comunidad de seguidores profundamente leales. De hecho una anécdota que nos compartió Julián Margules, es lo común que se ha vuelto que cuando un cliente quiere un equipo nuevo, se rehúse a devolver el antiguo, porque le ha tomado un cariño inmenso, pues las piezas comienzan a tener un valor emocional.

Recuerda que Verest Magazine también está en redes sociales.

¡Disfruta más Experiencias Verest!

Mazatlán, el ritmo del Pacífico hecho destino