Santa María la Ribera, una colonia con mucha historia.

El encanto atemporal de Santa María la Ribera

Hubo un tiempo en que el pulso elegante de la Ciudad de México no latía en el poniente ni en los corredores de Paseo de la Reforma. A finales del siglo XIX, el deseo de modernidad y el refinamiento de la época porfiriana encontraron su lienzo en la Santa María la Ribera, la primera colonia planificada para la alta sociedad de la capital.

Cruzar hoy sus calles es entrar en un umbral donde el tiempo pareciera no es una limitante. Al contrario, aquí corre distinto, es una colonia que puede verse como un refugio donde la vida de barrio se resiste a ser consumida por la prisa contemporánea y en su lugar dialoga con el arte de vanguardia, el comercio popular y el diseño.

El corazón del barrio: Filigrana e historia volcánica

Cualquier aproximación a Santa María la Ribera debe comenzar en su Alameda. Este parque conserva su encanto, pues así como puedes ver familias paseando, hay músicos locales y el crujir de las hojas bajo los pasos. En su centro casi geométrico está el Kiosco Morisco, esa imponente figura traída desde la Exposición Universal de Nueva Orleans en 1884, sus detalles como sus arcos o su vibrante color rojizo lo convierten no sólo en un imán fotográfico, sino en el monumento a una época en la que México buscaba fascinar al mundo.

Justo enfrente, rompiendo con la horizontalidad del parque se encuentra una hermosa fachada de piedra que nos dice que ahí está el Museo de Geología de la UNAM. Más allá de su valor científico, la estética de sus escaleras es magistral, y sus vitrinas de madera antigua te llevan de inmediato a conocer curiosidades de otra época.

Conectividad y vanguardia en Buenavista

Parte de la aventura en esta colonia es cómo se conecta con sus alrededores. Buenavista, Buenavista, Buenavista (sí, es un referente de la infancia de muchos) históricamente ligada a las grandes vías de comunicación, es hoy un nodo urbano donde confluyen el Metrobús y el Tren Suburbano (que por cierto, ya te lleva hasta el AIFA).

Basta sólo con quedarse mirando unos minutos para notar la gran afluencia de miradas, de reacciones y de sentimientos que cruzan la Avenida de los Insurgentes, y el Eje 1 Norte; algunas de ellas con un destino muy bien definido, y otras tantas, en busca de esa ruta que les abrirá el paso.

Pero si sigues caminado, justo sobre el Eje, llegarás a la Biblioteca Vasconcelos, una obra impresionante del arquitecto mexicano Alberto Kalach. Es el lugar perfecto para perderte en el universo de letras, porque no es una biblioteca convencional; sus estantes colgantes de acero y cristal pareciera que flotan en el aire, creando una ilusión visual que pocos lugares lo consiguen.

A la entrada, te recibe la escultura Mátrix Móvil de Gabriel Orozco, un esqueleto real de ballena gris transformado artísticamente con trazos de grafito y que se vuelve una pieza que da una muestra de cómo es que la ciencia y el arte se pueden fusionar.

Pasos agigantados que unen

Y bueno, si sigues, llegarás al Tianguis Cultural del Chopo, un verdadero santuario de a resistencia y la identidad urbana de la capital. Lo que comenzó en 1980 dentro del Museo Universitario del Chopo, hoy es un universo ambulante que cada sábado se apropia de la calle de Aldama, casi a un costado de la Biblioteca.

Aquí la música circula de mano en mano entre generaciones de coleccionistas y melómanos. Porque el Chopo no es un simple mercado; es una comunidad que mantiene viva la memoria de las tribus urbanas durante más de cuarenta años.

Si continúas el viaje recorriendo el trazo del Eje 1 Norte, la modernidad cede su lugar al coleccionismo puro al llegar a La Lagunilla. Este emblemático barrio es el epicentro de la nostalgia chilanga, un santuario dominguero donde los buscadores de tesoros se pierden entre muebles antiguos, vinilos de época, ropa vintage y reliquias que resguardan la memoria de miles de hogares mexicanos.

Caminar por esta ruta que va desde el señorío de la Santa María la Ribera, cruza la vanguardia de Buenavista y culmina en el bullicio histórico de La Lagunilla, es la prueba definitiva de que en la Ciudad de México el pasado y el presente no compiten, se complementan en un maravilloso y eterno viaje de descubrimiento.

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