comida japonesa

Rekō: El encuentro de Asia con el centro de México

El hambre urbana suele ser monótona y carente de sorpresas reales cuando buscamos un refugio culinario sobre el Paseo de la Reforma. Encontramos la solución perfecta en una mesa donde el fermento norteño convive con la técnica japonesa para rescatar nuestro paladar del aburrimiento. Caminamos hacia el número 390 buscando esa honestidad gastronómica que mezcla chiles oaxaqueños con la precisión milimétrica de los fogones del lejano oriente.

Una alianza técnica entre dos mundos lejanos

Rekō llega a la capital como el proyecto más reciente de Grupo San-to para demostrar que las fronteras se borran con soya. Los sabores profundos del sur mexicano abrazan texturas coreanas mientras el Wagyu Tartare se presenta como una entrada triunfal ante los comensales. La cocina integra ingredientes del Pacífico con fermentos tradicionales del norte para crear un lenguaje propio que respeta cada origen con absoluta elegancia.

Los Dan Dan Noodles conviven con el Sando Tonkatsu en una carta diseñada para quienes buscan experiencias auténticas sin caer en lo pretencioso. El arroz negro con Wagyu destaca por su potencia visual y aromática mientras los sashimis frescos nos recuerdan la inmensidad de nuestras costas. Cada bocado cuenta una historia compartida donde la tradición china y el alma del centro de México encuentran un punto de equilibrio.

Brindis con carácter sobre la gran avenida

La coctelería de la casa desafía los cánones comunes mediante mezclas audaces como el Shiitake Martini o el exótico y potente trago Tigre. El Negroni Kioto ofrece una variante sofisticada para cerrar la tarde frente a la terraza mientras disfrutamos de un ambiente relajado y profesional. Esta propuesta líquida complementa idealmente los sabores especiados de la cocina logrando que cada trago sea un acompañante necesario para el festín.

El Strudel de pera cierra el desfile gastronómico aportando un dulzor equilibrado que nos reconcilia con el ritmo acelerado de nuestra amada ciudad. Contamos con un espacio amigable para mascotas en la terraza exterior permitiendo que la visita sea completa para todos los miembros del hogar. Es el momento ideal para reservar una mesa en este rincón donde la alta cocina se vuelve accesible y profundamente generosa.

Logramos una cena inolvidable por un costo promedio de ochocientos pesos por persona en un entorno que celebra la verdadera diversidad cultural. Visitar este establecimiento significa aceptar una invitación directa hacia un viaje sensorial que une continentes mediante el uso inteligente de la técnica culinaria. Salimos de Reforma con el espíritu satisfecho sabiendo que la gastronomía honesta siempre encuentra un lugar privilegiado en nuestra apreta agenda diaria.

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