Llegamos a Praga 33, en la colonia Juárez, el domingo pasado a las diez de la mañana. Queríamos entender el oficio detrás de la pasta italiana desde sus cimientos más básicos. Cruzamos la puerta para instalarnos en Alimentari Pasticcio, la mejor boutique de ingredientes italianos donde hoy ocurre nuestra clase, bueno a lado. Nos recibieron con un pan artesanal recién horneado con una textura impecable, una bienvenida directa a vivir la jornada con otro ritmo.

Harina y manos en acción
La verdadera destreza aparece cuando Matteo Zega empieza a explicar la masa con una sencillez arrolladora. Observar sus manos es ver años de oficio condensados en movimientos precisos, fluidos y cargados de una maestría que se agradece. Iniciamos con la elaboración de la pasta, la cual dejamos reposar para obtener la textura ideal. Enseguida pasamos al pesto, integrando albahaca y los mejores ingredientes para dejarlo reposar también mientras absorbemos los conocimientos del chef.
Compartir este aprendizaje frente a una mesa de madera es el regalo principal de la mañana. Cada uno sostiene una copa de vino blanco frío mientras probamos trozos de queso y salumería. El chef guía cada paso con precisión, ajustando detalles mientras formamos figuras con las técnicas que él ha perfeccionado durante años. Al terminar, guardamos nuestra pasta fresca para llevarla a casa y cenar con calma. Lo que disfrutamos en el sitio es la creación del chef y su equipo, una victoria personal que se redondea con otro sorbo de vino.


Sobremesa larga y café eterno
Al finalizar la clase, nos trasladamos hacia la barra de Piazza Pasticcio para cerrar el ciclo. El murmullo de los demás estudiantes crea un ambiente relajado y cosmopolita entre los muros del restaurante. Pedimos un par de cafés expresos mientras observamos el movimiento constante de la cocina. En la mesa contigua, nuestros compañeros de clase disfrutan de un par de cocteles coloridos y bien ejecutados.
El tiramisú llega a la mesa, suave, equilibrado y con el punto justo de amargor del cacao. La tarde avanza sin presiones mientras compartimos anécdotas con quienes hace unas horas eran completos desconocidos. Es curioso cómo la harina y el huevo tienen la capacidad de conectar voluntades bajo un mismo techo. Salimos del local con la sensación de haber ganado una destreza nueva para el día a día.


La logística de un domingo perfecto
Para participar, es necesario reservar con anticipación, visita su Instagram y contáctalos para asegurar uno de los grupos pequeños. El costo incluye la experiencia completa, la salumería y la copa de vino de bienvenida. El horario de los fines de semana permite disfrutar la clase por la mañana y cerrar con una sobremesa extendida. El taller requiere una inversión aproximada de 1,800 pesos por persona.
La experiencia logra convertir un oficio técnico en una forma de convivencia genuina y muy disfrutable. Dominar la receta de la pasta fresca brinda herramientas valiosas para replicar Italia en casa. Regresamos a la realidad urbana con las manos aún impregnadas de harina y una actitud renovada para el resto de la semana.
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