Hay aromas que definen el otoño en la Ciudad de México: el copal que impregna las calles, el cempasúchil que alfombra los camellones y, por supuesto, ese inconfundible toque de azahar, mantequilla y pan horneado que avisa que el Día de Muertos ha llegado.
El pan de muerto es, sin discusión, uno de los grandes rituales de la temporada. Pero, ¿qué pasa cuando una de las tradiciones más queridas de nuestra mesa se cruza con la creatividad cervecera del barrio? La respuesta ocurre al sur de la colonia Roma, donde la innovación artesanal no le teme a reinventar los clásicos. Para este otoño, Falling Piano Brewing Co. decidió llevar el altar a la barra con una propuesta tan audaz como entrañable: una cerveza elaborada con auténtico pan de muerto.
Del horno al tanque de fermentación
Lo que podría sonar a una ocurrencia bohemia nacida tras un par de pintas, en realidad guarda un proceso técnico y de respeto por los ingredientes. No se trata de un saborizante artificial ni de un jarabe genérico; la cervecería ha integrado piezas reales de pan de muerto dentro de una base estilo Brown Ale.
¿El resultado en boca? Un líquido de color marrón profundo y cuerpo medio que dialoga perfectamente con el perfil maltoso del estilo. Al servirla, emergen notas nostálgicas a pan tostado y caramelo, acompañadas de un sutil dulzor y un delicado juego de especias que evoca de inmediato el mordisco a ese pan tradicional que tanto esperamos todo el año.
Es una cerveza cálida, equilibrada y de final suave, pensada para disfrutarse sin prisa, ideal para las tardes frescas de octubre y noviembre en la capital.


Lo que debes saber de esta edición limitada
Como todo buen ritual efímero, esta creación es una edición de temporada sumamente cotizada, pues sólo se produjo un lote limitado de 2,400 litros. Si quieres asegurarte la tuya, puedes encontrarla en dos puntos clave de la Ciudad de México:
- El tap room original de Falling Piano: Coahuila 99, Col. Roma Norte.
- Falling Piano Bodega: Lago Manitoba 1, Col. Ampliación Granada.
Ya sea para maridar con una charla larga o para celebrar las festividades desde una óptica completamente disruptiva y muy nuestra, esta Brown Ale demuestra que las tradiciones mexicanas no están estáticas: evolucionan, se beben y se disfrutan de nuevas maneras.
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