Salir de la rutina urbana exige a veces cambiar la escala de las cosas y enfrentarse a horizontes donde la nieve lo domina todo. Tras pasar unos días recorriendo las calles frías de Zúrich, decidimos abordar el tren con rumbo a las alturas de St. Moritz, buscando esa calma silenciosa que solo aparece cuando la altitud empieza a subir. La primera escala técnica ocurre en Chur, la ciudad más antigua del país, un punto exacto donde la geografía cambia de tono y la vegetación cede paso a paredes de hielo puro.
Es justamente al dejar atrás esta parada histórica donde el paisaje se transforma en una masa blanca infinita que parece sacada de un lienzo antiguo. El trayecto avanza con parsimonia mientras las montañas envuelven las vías, obligando a todos en el vagón a pegar la cara al cristal con un asombro casi infantil. Cruzar los Alpes sobre rieles demuestra que viajar despacio sigue siendo la mejor manera de entender la inmensidad del territorio ya sea en tren regional o en el Bernina Express.

La ventana correcta para mirar el invierno
A mitad de la ruta surge el famoso viaducto de Landwasser, una obra monumental de piedra que curva la trayectoria del tren justo antes de desaparecer dentro de un túnel. Para conseguir la foto o el video perfecto, el secreto consiste en asegurar un asiento del lado derecho en el sentido de la marcha, pues la perspectiva permite capturar la máquina adentrándose en la montaña con el abismo nevado al fondo.
Existe un vagón especial equipado con ventanas abatibles que permiten bajar el cristal por completo, abriendo la oportunidad de registrar tomas limpias sin los reflejos de las ventanas panorámicas. Aunque el viento helado golpea la cara con una intensidad sabrosa que espanta cualquier cansancio, la recompensa visual de sentir el aire alpino mientras encuadras el horizonte justifica cada segundo de frío.


Terrazas al aire y sobremesas frente al lago
Al desembarcar en St. Moritz la elegancia del pueblo se percibe de inmediato en el ambiente, pero la parada obligada para recargar energía ocurre en la terraza del Badrutt’s Palace Hotel. Almorzar en este espacio ofrece una postal despejada hacia el lago congelado, donde el servicio impecable y la cocina de alto nivel se combinan con una arquitectura clásica que ha recibido a viajeros de todo el mundo durante décadas.
Reservar una mesa con bastante anticipación resulta indispensable, pues la demanda de comensales buscando esta vista privilegeda es alta durante toda la temporada invernal. Disfrutar un plato caliente mientras el sol de la tarde ilumina las crestas nevadas se convierte en un ritual de contemplación pura que vale cada franco invertido.
El dilema entre la pantalla y la memoria
El tren panorámico oficial emprende el regreso a las 15:30 horas con un recorrido aproximado de dos horas y media de vuelta hacia los valles. Aquí vale la pena hacer una recomendación honesta basada en la experiencia directa: si el objetivo del viaje es desconectarse, mirar el paisaje con tus propios ojos y guardar el recuerdo en la memoria personal, el vagón panorámico tradicional resulta insuperable.
Por el contrario, si la meta principal es grabar contenido constantemente, meter la cámara por la ventana y buscar encuadres sin el reflejo del cristal teñido, la mejor alternativa es abordar el tren regional regular. Esta opción opera sobre las mismas vías espectaculares, permite abrir las ventanas en varios vagones sin restricciones y representa un ahorro económico considerable para el bolsillo.
Guía práctica para abordar la montaña
Cotizando para la temporada de diciembre, el billete individual del Bernina Express cuesta 57 francos suizos en primera clase y 33 en segunda clase, al cual se le debe sumar en ambos casos la reserva obligatoria de asiento por 32 francos. Por otro lado, la ruta en tren regional desde Zúrich hasta St. Moritz con escala en Chur tiene un costo de 75 francos suizos. En el primer tramo sí es necesario adquirir la reserva de asiento, mientras que en el segundo tren no hace falta comprarlo, permitiendo abordar directo con tu boleto. Para el almuerzo en la terraza del Badrutt’s Palace Hotel se sugiere reservar con un mes de margen.
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