El astroturismo es una actividad que nos permite ver el firmamento a simple vista. En México ya hay certificación de cielos oscuros, descubre dónde.

Astroturismo: el único viaje donde el destino es el cielo

Cuando cae la noche hay destinos que apenas comienzan a revelarse; lejos de la luz artificial a la que ya estamos acostumbrados, el cielo se vuelve protagonista y cada estrella que se observa marca el ritmo de la experiencia. El astroturismo no es sólo mirar hacia arriba, es viajar para encontrarse con la inmensidad, en escenarios donde el silencio y la oscuridad son lo más preciado. Porque recordemos que hubo un tiempo en que mirar hacia arriba era nuestra brújula cotidiana.

Hay lugares donde el verdadero espectáculo está sobre la tierra. En medio de paisajes abiertos y noches limpias, observar el firmamento es simplemente parte del viaje. Así que te dejamos algunos destinos en donde mirar hacia arriba es parte del trato.

La otra geografía, la del cielo mexicano

En este país el astroturismo no es una promesa lejana, sino una experiencia que es posible realizar en varios rincones. Entre los puntos más conocidos está la Sierra de San Pedro Mártir en Baja California, un parque nacional que resguarda uno de los cielos más limpios de México. De hecho, aquí es donde se encuentra el Observatorio Astronómico Nacional y las noches, especialmente las de invierno, permiten observar constelaciones y lluvias de estrellas a simple vista.

Pero lo que ocurre aquí no es sólo observar. El proyecto de cielos oscuros de Rancho La Concepción en la Sierra de San Pedro Mártir ha empezado a hacer ruido al convertir la oscuridad en su mayor valor. Tanto, que Baja California ya puede presumir ser la primera entidad en México en obtener la certificación DarkSky Approved Lodging, un reconocimiento internacional que se otorga a los espacios que le apuestan a preservar la oscuridad y la biodiversidad.

Más hacia el desierto sonorense, la Reserva de la Biósfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, los cráteres volcánicos y las dunas no sólo construyen el escenario, también potencian la experiencia. Al caer la noche, la claridad del cielo permite distinguir estrellas y formaciones con una precisión poco común, en un entorno donde el silencio es parte del atractivo.

El Caribe después del atardecer

En el Caribe, Cabo Rojo y la Bosque Seco de Guánica destacan como dos de los mejores puntos en Puerto Rico para observar el cielo nocturno. En Cabo Rojo, al suroeste de la isla, los acantilados y salinas crean un escenario abierto donde la puesta de sol da paso a noches despejadas, especialmente en zonas cercanas al faro.

A poco más de 30 minutos, el Bosque Seco de Guánica, reserva de la biosfera, ofrece condiciones ideales gracias a su baja humedad y escasa contaminación lumínica. Ambos destinos son accesibles por carretera desde Ponce o desde San Juan, lo que los convierte en escapadas perfectas para combinar naturaleza, silencio y cielos estrellados.

Pitahaya Glamping, es un proyecto enfocado en la observación de cielos oscuros que propone una experiencia más inmersiva: noches diseñadas para contemplar el firmamento, sesiones guiadas y un entorno cuidadosamente elegido por su baja contaminación lumínica.

La ciudad que decidió apagar la luz en Arizona

Pues sí, llegó el momento de hablar de una ciudad del estado de Arizona, en Estados Unidos; Flagstaff es reconocida como la primera International Dark Sky City, este destino ha construido su identidad en torno a la protección del cielo nocturno, regulando la iluminación urbana para conservar la visibilidad de las estrellas.

Aquí te encontrarás con múltiples puntos para la observación, desde miradores naturales hasta espacios dedicados como el Lowell Observatory, donde además es posible acceder a telescopios y sesiones guiadas, como dato curioso, ¿sabías que en este observatorio se descubrió Plutón, en 1930?

Se ubica a unas dos horas por carretera desde Phoenix, lo que la convierte en una escapada accesible para experimentar cielos oscuros sin alejarse demasiado de un centro urbano, aunque justo es en esta lejanía donde el viaje comienza.

De vez en cuando vale mucho la pena apagar las luces y mirar hacia el cielo, los escenarios que podemos encontrarnos cuando comienza a caer la noche son magníficos y nos pueden traer muchas sorpresas.

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