Después de semanas encerrados en la oficina terminando la revista y guía, decidimos buscar un sitio real donde comer bien sin pensar en los pendientes de la redacción. Queríamos salir del molde y dejar atrás las modas pasajeras para encontrar un lugar que de verdad valiera la pena. Y nuestras plegarias fueron escuchadas por CVNE para vivir esta gran experiencia en La Escapada, un restaurante campestre y centro caballar ubicado en San Miguel Tecpan, Jilotzingo, Estado de México, muy cerca de la Zona Esmeralda. La verdad es que el simple hecho de manejar hacia allá ya te cambia el chip por completo, pero ni eso hicimos ya que nos llevaron en camionetas, muy VIP todo.
Descubrir espacios que te sacan de la rutina diaria sin pretensiones exageradas se vuelve una prioridad cuando el ritmo de las publicaciones te absorbe. Buscábamos algo con personalidad propia y un nivel gastronómico alto que nos diera una sorpresa genuina este fin de semana.


Brindis inicial entre sombreros y caballos libres
Empezamos el medio día con café caliente acompañado de unas conchas de matcha deliciosas que ellos mismos preparan, minetras Barra Vaquera nos invitaba a escoger un sombrero y perosnalizarlo, un gran detalle para hacer la experiencia más divertida. Después caminamos hacia el potrero para conocer los caballos y bajamos directo a las caballerizas. Aunque el tiempo disponible limitó el recorrido a caballo en esta ocasión, la experiencia ecuestre forma parte natural de la visita.
Cada cliente puede disfrutar de paseos a caballo sin costo adicional durante su estancia en el lugar. Las familias suelen pasar aquí todo el día combinando desayunos largos con comidas memorables junto a los prados. El simple hecho de consumir en el establecimiento otorga acceso libre a esta vivencia campestre tan completa.
Sabores del territorio con alma española
Nuestra mesa recibió creaciones honestas de parte del chef Adán Flores, preparadas mediante una cuidada selección de insumos. Actualmente trabajan en el desarrollo de su propio huerto, colaborando de cerca con productores de la zona para asegurar la mejor calidad. Las croquetas de pulpo llegaron acompañadas por una copa de Roger Goulart Rosé, cuyas notas de frutos rojos realzaron el plato. Seguimos con un aguachile de camarón realzado por Monopole Clásico y sus matices florales.
Los comensales compartíamos miradas de asombro ante la precisión de cada platillo servido frente al paisaje verde. La cocina de autor del lugar demuestra un respeto absoluto por los ingredientes locales y por el esfuerzo de los productores de la región. La armonía entre los frutos del mar y las etiquetas españolas elevó la sobremesa hacia un nivel de disfrute verdaderamente memorable.


Vinos memorables para platos profundos
Cada tiempo encontró su pareja ideal en etiquetas legendarias firmadas por la casa CVNE. La pesca zarandeada dialogó perfecto con el carácter mineral del Val do Galir Godello, aportando frescura marina a la mesa. Luego probamos un chamorro tierno bañado en salsa de cerveza acompañado por Arano, cuya complejidad en boca redondeó la experiencia campestre. Las copas vaciaban su contenido mientras la charla fluía ante el placer absoluto de comer sin mirar el reloj.
La bodega española demuestra en cada copa una trayectoria de ciento cuarenta y cinco años dedicada a la excelencia y al vínculo con el territorio. Sentir esa herencia vitivinícola en medio del campo mexicano creó un puente cultural fascinante entre dos mundos unidos por el buen gusto. Cada sorbo invitaba a comprender la paciencia necesaria para crear un vino de gran clase.


Dulce final frente al paisaje abierto
Cerramos el banquete no con uno, sino dos postres. El crujiente de avellana con mousse de chocolate lo acompañamos con el Contino Reserva, de gran complejidad y largo final. El plátanos a la parrilla y dulce de leche bien caliente para contrarrestar la brisa de la tarde. Las burbujas finas del Roger Goulart Gran Reserva cerraron esta comida larga y memorable entre charlas fluidas. Comprendimos que este sitio verde transforma por completo nuestra manera de entender el descanso y la buena mesa. Nadie quiso apresurar el regreso sabiendo que afuera todo seguía girando demasiado deprisa.
Las risas se prolongaron hasta que el sol comenzó a ocultarse detrás de las colinas y la lluvia pasó de largo, dejando una ligera neblina. Guardamos en la memoria cada detalle de una jornada diseñada para recordar que el lujo auténtico consiste en detener el tiempo. Volveremos sin duda alguna a buscar este refugio para compartirlo con la familia, les aseguramos que no se arrepentirán.

Bitácora secreta para la ruta
La Escapada abre sus puertas viernes sábado y domingo a partir de las 9 de la mañana y cierra 22 horas viernes y sábado. Domingos a las 18 horas sin necesidad de reservar a menos que sea un grupo grande. Si quieres vivir una experiencia privada orientada al disfrute del vino y la alta cocina campestre, visita su sitio web para pedir informes.
Esta visita confirmó que la buena mesa y la naturaleza abierta forman el mejor antídoto contra la monotonía urbana, devolviéndonos esa ligereza que tanta falta hace en el día a día.
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