Hay lugares que no sólo ocupan una dirección, sino que definen el alma de un barrio; en la Rive Gauche, ese lugar es el Hotel Lutetia París. El gigante del grupo Mandarin Oriental se encuentra celebrando 115 años de ser mucho más que un resort de lujo, es el epicentro donde el arte, la literatura y la sofisticación francesa se fundieron para siempre.
Y es que esto no te lo decimos sin una razón alguna, al contrario, en el Hotel Lutetia, James Joyce escribió parte de su libro Ulises entre susurros de café, Pablo Picasso encontró inspiración en su luz única, la magnética Joséphine Baker, de quien te platicaremos más adelante, y el aventurero Antoine de Saint-Exupéry lo convirtieron en su cuartel general en París.
Habitar el Lutetia es descifrar un código de elegancia único en el mundo. Aquí, la distinción se encuentra en los detalles imperceptibles y en ese lujo silencioso que sintoniza con un estilo de vida vibrante que sólo se siente en un destino como París. Es una invitación a sentir una conexión profunda y orgánica con el arte de vivir experiencias que dejan huella.
El legado de la familia Boucicaut: Del Bon Marché al Hotel Lutetia
En 1852, la familia Boucicaut fundó Le Bon Marché, el primer gran almacén del mundo y el antecesor directo de los centros comerciales modernos. En ese espacio, que sigue siendo un referente de estilo en París, la exclusividad era la norma. Fue entonces cuando sus dueños notaron que sus clientes necesitaban un refugio para descansar después de sus compras, pero sin romper con la atmósfera de elegancia que ya conocían.
Así, en 1910, el Hotel Lutetia abrió sus puertas para convertirse en el segundo hogar de estos visitantes, quienes encontraban en su arquitectura una mezcla fascinante del Art Nouveau y las líneas del Art Déco.
Del refugio histórico al bienestar absoluto
Ese espíritu de hospitalidad ha evolucionado con el tiempo. Si en los años 20 el refugio era el salón de lectura, hoy ese espacio de paz es el Spa Akasha. Un santuario de luz natural y mármol donde la disciplina del bienestar se encuentra con la tecnología más avanzada. Su alberca de 17 metros es, posiblemente, el secreto mejor guardado para quienes buscan desconectar en el corazón de París.
Pero el alma festiva del hotel permanece intacta en el Bar Josephine, nombrado así en honor a Joséphine Baker, una mujer que nació en Estados Unidos y que llegó a París en 1925 quien con los años se convertiría en activista e ícono del jazz, como dato, durante la Segunda Guerra Mundial, usó su fama para transportar mensajes secretos en sus partituras, una valentía que le valió la Legión de Honor.

Una obra de arte para celebrar la historia
Para conmemorar este 115 aniversario, el hotel presentó su nuevo abanico exclusivo, creado por la legendaria Maison Duvelleroy. Este objeto no es sólo un accesorio, es un símbolo. El abanico representa el navío, un emblema que tanto la ciudad de París como el propio Lutetia han compartido desde sus orígenes.
Lo que lo vuelve único es que se trata de un gran abanico brisé, es decir, sin pliegues, hecho a mano en Francia. Además de que es una obra de marquetería que combina paja y maderas exóticas, con detalles en nácar y un remate en cinta blanca. Además lo que lo vuelve todavía más sorprendente es que se requirieron más de 230 horas de trabajo para darle vida a este diseño.
Pero no sólo es una cuestión de técnica, la excelencia se encuentra todavía más presente en ese juego de luces y colores que se van creando con el paso de las horas, gracias a la mezcla del nácar y la caoba.
Celebrar 115 años es más que mirar al pasado. El Hotel Lutetia ha logrado lo que pocos: envejecer con una modernidad que no se consigue con facilidad. Es el lugar donde los parisinos locales van a tomar el té y donde los viajeros del mundo llegan para sentirse, por unos días, verdaderos ciudadanos de París.
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