El tianguis es el triunfo de la presencia. Mientras el mundo se vuelve digital y aséptico, el mercado tradicional se mantiene como el último bastión de lo táctil. Es el lugar donde la abundancia no es un concepto, sino una montaña de aguacates perfectamente alineados y el brillo del color de las flores que invaden la vista., y si te fijas, en temporada la tradición con siete picos se hacen presentes en las piñatas, que poco a poco se han transformado y tu personaje favorito puede estar ahí
En el tianguis, el lenguaje es una herramienta de seducción y pertenencia. No hay clientes, hay marchantes. No hay compradores, hay corazones. Esta forma de hablar no es casualidad; es la evolución de una diplomacia comercial que tiene siglos perfeccionándose en el Valle de México.
Es una red social humana que funciona cara a cara, donde la confianza se construye con una sonrisa y una «prueba» de fruta o de la tostada, es pasar de lo dulce a lo salado y luego a lo ácido.

Los indispensables de la urbe
La geografía de esta resistencia sensorial se mide a través de sus grandes epicentros.
La Merced se alza como el estómago gigante de la ciudad, un laberinto donde el rumbo se define por el aroma a chiles secos, ajos y dulces cristalizados. A unos cuantos minutos, el Mercado de Sonora resguarda el centro del pensamiento mágico, un espacio donde las hierbas para el alma y las velas para el destino demuestran que hay sabidurías que la ciencia aún no alcanza a explicar.
Por otro lado, el Mercado de San Juan se convierte en el refugio para los paladares curiosos, el sitio donde la ciudad demuestra que puede concentrar al mundo entero a través de ingredientes exóticos y los productos más valorados de la culinaria nacional. En medio de este flujo constante, el ritual del «taco de plaza o placero» se convierte en el máximo acto de comunión urbana: un bocado armado al momento con chicharrón crujiente, nopalitos, pico de gallo o salsa roja, que se disfruta de pie, en perfecta sintonía con el entorno.




Una historia sobre ruedas
¿Sabías que el primer mercado sobre ruedas surgió en 1969, y fue una iniciativa del gobierno federal? Así como lo lees, la conformación de estos fue un programa que impulsó el presidente en turno Gustavo Díaz Ordaz, como una manera de que la ciudadanía pudiera acceder a alimentos más baratos, y que los productores pudieran aumentar sus ingresos.
Existían rutas que se cubrían los siete días de la semana, se colocaban tal y como ahora, en plazas, parques o calles en particular. El primero que se colocó estuvo en la calle de Electricistas, en la colonia 20 de Noviembre y se estableció en domingo.
Por supuesto, se tiene registro que desde la época prehispánica este modo de comercio ya existía, y se les conocía como tianquiztli, que en náhuatl significa mercado. Uno de los mercados de gran relevancia fue el de Tlatelolco, que según historiadores se fundó en el año 1338 y estaba al suroeste del Templo Mayor. Este mercado estaba dividido por secciones y había una, exactamente al centro que tenía productos para los nombres, pues lo que se ofrecía ahí daba cierta jerarquía.
El tianguis es una obra de arte efímera
La habilidad para levantar un techo de lona roja que cubre cuadras enteras en cuestión de minutos es una ingeniería popular envidiable. Esa lona roja o rosa es el filtro que baña todo de un tono cálido, unificando a las personas, la mercancía y la calle en una sola atmósfera vibrante.
Estos sitios son, en última instancia, la prueba de que la Ciudad de México es experta en preservar su esencia. Es la continuidad de un pasado que no se dejó borrar y que hoy, más que nunca, es el motor que da vida y color a la identidad chilanga.


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