Encontrar un refugio honesto en la colonia Roma se ha vuelto una tarea titánica entre tanta propuesta diseñada solo para la fotografía de Instagram. Buscamos sabores que nos sacudan el paladar sin necesidad de discursos pretenciosos o montajes que parecen escenografías de teatro. Fuego aparece en la calle de Colima como esa respuesta necesaria para quienes valoran la técnica del fuego abierto y la cocina frontal.
Un encuentro con el calor de hogar
El ADN de este espacio ignora las fórmulas rígidas para abrazar la experimentación constante a través del humo y la grasa. Aquí el menú es un organismo vivo que se transforma según la temporada y el capricho creativo de sus fogones. No esperes sutilezas tímidas; la propuesta se construye sobre bases oleosas potentes y combinaciones que juegan con un desbalance intencional.
Los clásicos se reinterpretan bajo una mirada original que privilegia el equilibrio del sabor sobre el espectáculo visual innecesario. Es una cocina viva, directa y profundamente sabrosa que invita a quedarse por horas en una sobremesa infinita. El servicio fluye con una amabilidad genuina que te hace sentir en casa desde el primer bocado.


Tesoros marinos y cortes a la parrilla
La carta despliega una variedad de entradas que van desde el aguachile verde, famoso por ser el más picante, hasta el carpaccio de tomate heirloom con queso burrata. Para quienes buscan intensidad, el pulpo Michelson de seiscientos gramos llega a la mesa sobre una cama de papas gajo con aroma a romero. Es un plato generoso que captura la esencia del restaurante.
Si la preferencia se inclina hacia la tierra, el petit tender de doscientos cincuenta gramos ofrece opciones de guarnición como el original puré de tortilla. El pollo Sinaloa, una opción poco picante de ochocientos gramos, es ideal para compartir mientras se descubre la cuidada selección de vinos de la casa. Cada etiqueta en su cava busca una relación calidad-precio envidiable para el comensal.


Dulces finales para compartir sin prisa
Los postres en Fuego mantienen esa línea de cocina honesta y se presentan de forma relajada para cerrar la experiencia con dulzura. El strudel de ate con pasta milhojas y queso es una apuesta segura por la tradición bien ejecutada. Para algo más refrescante, el helado de vainilla con humo aporta ese toque distintivo que conecta con el concepto general.

Acompañar estos platos con su coctelería clásica y fresca garantiza una jornada completa en este rincón de la Roma. En un mundo de prisas, este lugar promueve el respeto por el tiempo del equipo y de quienes visitan. Es el destino perfecto para comer, trabajar o simplemente dejar que el tiempo pase entre copas y brasas.
Ubicación: Colima 55, Colonia Roma Norte, CDMX.
Reservas y contacto: Cuenta oficial de Instagram, @fuego_mx.
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